Mark Teixeira tiene que medirse ante el estándar de Reggie Jackson en NY
TAMPA, Fla. -- El lugar se llama ahora George M. Steinbrenner Field. Su nombre anterior (Legends Field) es decididamente más apropiado, porque más que a cualquier otro equipo entre los deportes profesionales, a los Yankees de Nueva York les encanta mantener a sus fantasmas respirando.
Uno por uno los vas viendo. Reggie Jackson está sudando tras un vigoroso entrenamiento. Su último swing ante un lanzamiento de Grandes Ligas fue hace casi 22 años, el 4 de octubre de 1987 en el viejo Comiskey Park, un sencillo al centro en la octava entrada ante un chico de segundo año llamado Bobby Thigpen. Está empapado hoy porque aún cuando cumplirá 63 años el 18 de mayo, es crucial que mantenga la presencia de una leyenda. El org

ullo no puede decaer.
Graig Nettles camina, apenas encorvado, con un plato de comida en la mano. En el pasillo entre el vestuario y la sala de entrenadores, Harlan Chamberlain, padre de Joba, saluda a Nettles desde su silla de ruedas motorizada. Rich Gossage, recientemente incluído en el Salón de la Fama, está ahí también, con su Fu Manchú menos rubio, más plateado, pero igual de amenazante. Yogi Berra, que cumplirá 84 el próximo 12 de mayo, pasa por el lado nuestro en un carrito de golf para ver la primera sesión de
Mariano Rivera en el bullpen en la primavera, y unas niñas cuyos padres nunca vieron a Berra en vivo gritan "¿Yogi Berra? ¿Es realmente él?" Aún así, es Jackson quien sigue siendo el jugador más relevante. En un universo en el cual los Yankees parecen subir a otro retador al trono cada diciembre al firmar a un agente libre que piensa que puede conquistar la ciudad del modo en que Jackson lo hizo alguna vez, Reggie sigue siendo El Único, el estándar de los que llegan de afuera para transformarse en una parte de la familia en Nueva York simplemente dando lo que prometieron dar. Convenientemente, mientras Jackson está parado en el pasillo descansando, con una toalla alrededor de su cuello,
Mark Teixeira pasa junto a él. Teixeira es el más reciente jugador que logra escalar el proverbial Monte Everest del béisbol: jugar en Nueva York como el agente libre más caro posible y que viene del otro lado del país. Hasta unas semanas atrás, él podía mezclarse bien, siendo un jugador complementario de $180 millones de dólares. Pero como daño colateral de la lesión de Alex Rodríguez, ya no se mezcla más. Con Rodriguez (y los bizarros e imparables problemas que parecen perseguirlo) fuera del equipo hasta casi el descanso del Juego de Estrellas, Teixeira es el bate poderoso que los Yankees necesitan tener en su alineación. Él es quien tendrá que crear los murmullos en las gradas del nuevo estadio cuando le llegue el turno de batear con dos hombres en base y un solo out. Él es ahora el jugador que todo Nueva York ha estado esperando. Después de la cirugía de Rodríguez a comienzos de este mes, el piloto
Joe Girardi dijo que quiere que Teixeira y el resto de los Yankees hagan lo mismo que Joe Torre le pidió a
Jason Giambi. Tienes que ser tú mismo. No hagas demasiadas promesas. Juega tu juego. Teixeira se planta firme, escucha todos los comentarios que dicen que Nueva York puede devorarse a un jugador, y su lenguaje corporal adopta una posición que dice "vengan, los estoy esperando". Hace siete años, en la primavera del 2002, Giambi tomó la misma posición, con la misma sonrisa incansable y las mismas expectativas aplastantes. Teixeira incluso viste el viejo número de Giambi: 25. Es atractivo y confiado. Mira a la gente a los ojos cuando habla y lo hace con entusiasmo claro y notable ("Hola. Mark Teixeira ... encantado de conocerte, caramba"). Él dice todo correctamente: que no juega por dinero y que otros igualan los grandes salarios con las expectativas más grandes mucho más que él, que ganar es más importante que las estadísticas, y que la tradición y no el dinero es lo que en última instancia lo atrajo a Nueva York. La naturaleza de florecimiento rápido de Nueva York lo encandiló.

Nadie ha podido igualar la gesta de Reggie, que conquistó a NY en los años 70
"Yo siempre esperé poner grandes números en el tablero y cargar con mi equipo", dice, y tiene un currículum grande como para respaldar sus dichos. Tiene 29 años de edad, mide 6'3'', pesa 220 libras, está en su mejor momento. Luego de entrar a las Grandes Ligas en Texas en 2003 nunca ha bateado más de .308 y nunca menos de .281. Ha jugado 904 juegos en seis años en las grandes ligas, y su temporada promedio (290 de promedio, 36 jonrones, 121 RBIs, .378 de porcentaje en base) sugiere el tipo de consistencia paciente y suculenta que los Yankees ambicionan, el tipo que ellos pensaban que estaban logrando cuando Giambi firmó un contrato de siete años valuado en $120 millones dos semanas antes de las Navidades del 2001. Y aún así, mientras habla, el impulso de poner en duda que tiene idea de lo que se está metiendo sale a la superficie, el hecho de que la juventud va a ser gastada en juventud. Durante más de tres décadas, los Yankees han tenido esta misma vieja película con diferentes actores principales: Teixeira es apenas el más reciente. Aparecen, se ponen el uniforme en la conferencia de prensa y se ajustan la gorra. Pero ninguno de ellos (ni Giambi, ni Dave Winfield, y hasta ahora tampoco Rodríguez) terminó ganándose el amor del público, excepto Reggie. Cuando Giambi llegó, Jackson le dio "La Charla". Cómo llegar lejos en Nueva York. Qué hacer y cómo hacerlo. Como ser el jugador más grande en el lugar más grande. Esperando complacer a todos, Giambi escuchó con atención. Cuando Rodríguez llegó en el 2004 tras un arreglo en el invierno con Texas, cenó con Jackson en Tampa muchas veces, a menudo en Roy's, la famosa cadena hawaiana, donde Rodríguez recibió muchas versiones diferentes de "La Charla". Reggie dice que no ha tenido aún "La Charla" con Teixeira, y éste parece estar positivamente seguro de no necesitarla. Quizás él venga a Nueva York con mucho para ganar y deje la ciudad mucho más grande que cuando llegó. "Una gran diferencia no es simplemente lo que yo hice en el '77", dijo Jackson una noche en Tampa. "La diferencia es que yo no tuve que venir a Nueva York para probar que podía ser campeón. Ya había ganado tres Series Mundiales antes de venir aquí. Los nuevos muchachos que han venido llegando no ganaron ninguna". Winfield jugó un gran béisbol con los Yankees. Fue el primer Yankee con cinco temporadas seguidas con 100 ó más RBIs desde Joe DiMaggio; bateó .350 en la serie divisional de 1981 ante Milwaukee; y los llevó a las Series Mundiales de ese año, su primera Serie con el club. Reggie también estuvo ahí. Los Yankees se pusieron 2-0 en la serie, pero entonces Nettles y Jackson se lesionaron. New York perdió cuatro partidos seguidos ante los Dodgers, y lo único que la gente recuerda de esa Serie es que Winfield bateó de 22-1 y nunca lo superó. Los Yankees no llegaron a la postemporada nuevamente hasta 1995, y no ganaron otro título divisional hasta 1996.

Si Teixeira puede lograr todo su potencial, se uniría a un grupo selecto de leyendas de los Yankees
Rickey Henderson logró grandes números como Yankee, también, pero su equipo nunca llegó a los playoffs, y aunque Henderson jugó para ambos equipos neoyorquinos, la ciudad nunca lo adoptó como a uno de los suyos.
Hideki Matsui y
Gary Sheffield jugaron de manera admirable, mientras que Giambi fue bien aceptado y llegó a la Serie Mundial en su segundo año con el equipo. Pero ninguno de ellos llegó a cubrir las expectativas o capturar la imaginación de la ciudad en el modo en que muchos suponían que lo harían. Estadísticamente, Rodríguez ha sido espectacular como Yankee. Él es, ahora mismo, probablemente el mejor antesalista en la historia del equipo. Y aún así el apoyo que recibe de sus compañeros de equipo parece ser, de algún modo, motivado por la supervivencia: ellos necesitan su producción y por eso necesitan que esté feliz. Y ellos no necesitan los dolores de cabeza que resultarían del auténtico candor que deberían sentir por él. La semana pasada, un jugador, riendo ante el ridículo, comentó de este modo sobre la dolorosa foto de Rodríguez en la revista Details: "El Post puso una foto de Alex besándose en el espejo. Él se está besando a sí mismo. No es broma. ¿Qué (demonios) tiene este tipo en la cabeza?". Rodríguez está en su sexto año en Nueva York, nunca ha llegado a la Serie Mundial, y a pesar de dos trofeos de JMV está a punto de transformarse en un show estadístico propio y aislado. Cada nuevo rostro ha sufrido las expectativas de tener que estar a la altura del ideal de Reggie, pero cada nuevo caso ha estado destinado a fracasar. Llegan casi por una bravuconada gastadora, empujados por sus instintos competitivos machistas así como por una unión que les recuerda que acepten el contrato más alto posible porque así suben los salarios de todos los demás jugadores. Claro, la razón más grande es probar que son lo suficientemente hombres como para alzarse con esa cifra. Y ahí está la diferencia: Reggie llegó a Nueva York por la razón más auténtica. Jackson deseaba a Nueva York, quería ser parte de ella. Dejó el equipo como agente libre tras la temporada de 1981, pero ha estado de regreso desde el día en que se retiró. Querer absorber a Nueva York era algo real para él. Cuando Winfield se fue, nunca regresó. Cuando se le abrió la oportunidad de entrar al Salón de la Fama como Yankee, eligió la satisfacción de hacer enojar a Steinbrenner entrando con el uniforme de los
San Diego Padres. Giambi no podia esperar regresar a California, y ahora está de regreso con los Atléticos. Y todavía no está claro si Rodríguez eligió a Nueva York porque lo lleva en los huesos o porque satisface sus impulsos narcisistas. Por más de tres décadas, solamente Jackson vino, vio y cumplió. Quizás Teixeira será quien finalmente le haga compañía. Es hora ya, porque Reggie ha estado sentado solo en su mesa desde antes de que este chico naciera.
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