Jason Giambi espera darle vuelta al tiempo con los Atléticos de Oakland
Hubo muchas risas y sonrisas en el camerino de los Atléticos de Oakland. Las reuniones son como esas, con grandes emociones, el deseo imposible de hacer tiempo para un fuerte abrazo y sostenerlo. La realidad eventualmente deshace la fiesta, el agrio reconocimiento de que el tiempo se va volando.
No hace mucho,
Eric Chávez entró en el camerino de los Atléticos como el futuro. Fue en septiembre de 1998, los Atléticos estaban en camino a perder 88 partidos en esa temporada, pero la ayuda venía en camino. Un novato,
Miguel Tejada, había llegado temprano en ese mes de mayo. El año siguiente, en junio,
Tim Hudson apareció. Al año siguiente, dos más --
Mark Mulder y
Barry Zito -- hicieron su debuts en Grandes Ligas.
Jermaine Dye y
Johnny Damon llegaron vía cambios.

Mark J. Rebilas/US Presswire
Giambi, de 38 años, vuelve a los Atléticos luego de jugar siete años en NY
Todos llegaron para proveer asistencia a la estrella establecida en ese momento,
Jason Giambi, cuya talento prometía tanto que hasta el gran Mark McGwire se convirtió en un activo del cual se podía disponer. Aún así, uno tras otro, todos se fueron para convertirse en famosos, pero cada uno de ellos nunca tuvo cosas tan buenas como las que tuvieron en Oakland, cuando estuvieron juntos. Giambi fue el primero, en camino a Nueva York por siete años y $120 millones luego de la temporada de 101 victorias en el 2001 y un trofeo de JMV el año anterior. Al año siguiente, Tejada se fue a Baltimore por seis temporadas y $72 millones luego de una temporada de 102 victorias y el JMV de ese año. Hudson y Mulder fueron cambiados luego de la temporada 2004. Zito se fue a San Francisco por siete años y $126 millones luego de la temporada 2006. Incluso Chávez, quien se mantuvo con los Atléticos por seis años y $66 millones, terminó ganando una ronda de playoffs, en el 2006, pero nunca volvió a jugar con un grupo tan talentoso. Otro miembro de la banda del 2001, Damon, terminó en el camerino de los Yankees. Damon se fue luego de esa temporada para Boston, por cuatro años y $32 millones. "Ese equipo [los Atléticos del 2001]," dijo Damon, "era tan bueno que asustaba." Recordar el pasado es central en Oakland, ya que es su germen para su presente. Los Atléticos le están dando la vuelta al tiempo. Chávez se encuentra ahora en su
11ª temporada completa en las mayores. En la era de los agentes libres, tan solo McGwire estuvo más años con los Atléticos. A par de pasos de distancia, portando el No. 1, está
Nomar Garciaparra, quien cuando Chávez llegó al Circo Grande ya era considerado por muchos como destinado al Salón de la Fama. En el centro del regreso, al igual que antes, se encuentra Giambi. No solo se reunió con Chávez y los Atléticos, sino también con Garciaparra, con quien jugó en las pequeñas ligas de California a principios de los años 80. El cabello de Giambi está lleno de canas. Ya tiene 38 años y está listo para pilotear la cápsula del tiempo con mucha de la exhuberancia que alguna vez lo convirtió en una estrella. La única pregunta que queda por responder es si su cuerpo cooperará con el gran diseño que tiene en su mente. Las reuniones son difíciles, y rara vez tienen éxito, por las mismas razones que las hacen tan atractivas: para reanimar los años buenos, sacarlos de la memoria y hacerlos reales nuevamente. Por supuesto, ese deseo es la definición misma de la nostalgia. A los 41 años, Henry Aaron volvió a Milwaukee por dos temporadas en 1975 y '76, bateó .234 y .229, respectivamente, con un total combinado de 22 jonrones en 222 juegos. A los 43 años, Pete Rose regresó a los Rojos, bateando .365 en 26 juegos para terminar la temporada 1984, y entonces bateó .264 y .219 respectivamente en las siguientes dos campañas. Willie Mays regresó a Nueva York para jugar con los Mets, bateó .267 y .211 respectivamente en 1972 y '73, y luego se retiró.
Greg Maddux volvió a los Cachorros, ganó 16 partidos a los 38 años, pero tuvo una efectividad más alta (4.02) que su promedio de por vida de 3.16. Rickey Henderson volvió con éxito a los Atléticos en tres ocasiones, pero solo ha habido un Rickey Henderson. Giambi está lleno de optimismo, rapidez de espíritu y buen humor, como siempre. Sin embargo, él no es tan joven como lo era en el 2001, cuando logró su segundo trofeo al hilo de JMV con números de .342-38-120 y subsecuentemente dejó a los Atléticos, pero cree que le queda lo suficiente del viejo pelotero para ser una fuerza en la alineación de Oakland lineup. Está convencido de que ha dejado atrás la estrategia de sacrificar promedio por poder que utilizó en sus años finales con los Yankees, porque ya no hace swings en agonía. Cree que las cosas que su cuerpo ya no puede hacer las puede compensar con experiencia y -- más importante aún -- la ausencia de dolor. Giambi bateó .247, promediando 27 jonrones y poco menos de 100 remolcadas en sus útlimas tres temporadas con los Yankees. La diferencia estuvo en su promedio de bateo, donde los lanzadores y los managers lograron identificar sus debilidades. "Algo grande que me afectó fue el cambio. El cambio afectó todo," dijo, añadiendo que fue Joe Maddon, el manager de Tampa Bay, quien cuando era coach de la banca de los Angelinos comenzó a cambiar contra él. "Lo otro fueron los lanzadores. Ustedes vieron los patrones: duro adentro, suave afuera … siempre duro adentro tarde en los conteos. Cuando no puedes halar la pelota, todo el mudno lo sabe rapidamente. "Todavía quiero un buen lanzamiento para batearlo, y darle duro, pero en esa situación, mi trabajo era crear carreras, batear cuadrangulares y empujar carreras," dijo. "Tenía la verja cerca en el derecho [en el Yankee Stadium], y en situaciones de producir carreras, tenía que intentarlo." En su primer año en Nueva York, en el 2002, Giambi bateó .314 con 41 jonrones, 122 remolcadas y 34 dobles. Ese fue el último año que se pareció al bateador que fue en Oakland. No ha vuelto a batear .300 o conectar 30 dobles en una temporada desde esa campaña.
Para él, la prueba no miente en sus palabras, según dice, pero en el envase mismo. Eso significa batear. La combinación de jugar con una rodilla adolorida y la inhabilidad de conquistar el predio central izquierdo del Yankee Stadium convirtieron a Giambi más en un bateador unidimensional en Nueva York. Giambi fue cándido en reconocer las diferencias de ser un bateador del Yankee Stadium. En seis temporadas completas en Oakland, bateó 35 dobles o más en cuatro ocasiones, 40 dobles tres veces. Podrá ser siete años más viejo, pero Giambi no piensa que las limitaciones físicas le impidan volver a ser la clase de bateador que fue en Oakland. En Nueva York, Giambi se convirtió en un bateador poco confiable. "El problema en Nueva York es que una vez le das bien a la pelota, y la llevas al predio izquierdo central donde la capturan, pero que pudo haber sido un extrabases en otro estadio, uno lo sabe. Cuando eso comienza a suceder seguido, uno comienza a pensar que no lo puedes lograr más. "Donny fue el único tipo que pudo conquistar el predio izquierdo como bateador zurdo. La razón más grande es que cuando yo salía allá afuera, había mucho aire debajo de ella. Donny era un tipo que bateaba más de línea. La pelota caía más rapidamente de lo que le llegaban los jardineros." Por supuesto, "Donny" es, Don Mattingly, quien en su carrera de 14 temporadas con los Yankees conectó 35 dobles ocho veces. Durante los tres años entre 1984 y 1986, Mattingly bateó 44, 48 y 53 dobles, respectivamente. Mattingly dijo que pensaba que el Giambi que manejó estaba bien encaminado a volver a ser un bateador de alto promedio y alto slugging debido al efecto de Oakland. "Lo que él necesitaba hacer era quedarse en la zona del strike un poco más, mantener ese bate flotando un poco más," dijo Mattingly. "Nunca me tuve que preocupar de las cosas que él pensaba, porque yo nunca bateé con esa clase de poder. Yo no estaba pensando en otra cosa que en los huecos en los jardines. Él estará bien." Giambi admite que está en una transición como bateador, pero solo en términos de su preparación. Dijo que su dieta ha cambiado -- no más (o al menos no tantos) viajes tarde en la noche al In-N-Out Burger, una debilidad de Giambi -- y está haciendo más ejercicios de rapidez y más trabajo en general. Pero él no cree que haya regresado para in final nostálgico sin producción. "Espero que mis dobles aumenten. Esa pelota que solía batear por encima de la cabeza del primera base es un sencillo en Nueva York, debido a la dimensiones y lo corto del terreno de foul," dijo. "En Oakland, eso es un extrabases. Me siento bien. Estoy jugando de nuevo en primera base. Estoy saludable. No vine aquí para el cantío del ganso. No estoy listo para eso todavía."
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